Emociones y salud

Reprimir la ira perjudica a nuestro corazón. El ejercicio físico y las técnicas de relajación ayudan a canalizar la expresión de este sentimiento.


Las enfermedades cardiovasculares no son solo cosas de hombres; de hecho, en España son la primera causa de mortalidad en las mujeres (36% de las defunciones) y la segunda en los hombres (28%). Varios estudios evidencian que las mujeres reciben con menor frecuencia que los hombres los tratamientos adecuados ante estas dolencias.

Por su parte, son pocas las investigaciones que se centran en la influencia de las emociones sobre la salud cardiovascular de las mujeres. Entre estos estudios específicos, destaca el de la Universidad de Educación a Distancia (UNED), recientemente publicado en ‘Psicothema’, que analizó los efectos de la ira en 327 mujeres de entre 17 y 60 años.

Ira ‘in’, Ira ‘out’

El estudio distingue entre la ira reprimida en exceso –ira interiorizada o ira ‘in’-, la ira expresada con agresividad física o verbal -ira exteriorizada o ira ‘out’-  la ira canalizada adecuadamente. Las mujeres de la investigación que exteriorizaban la ira tenían una menor incidencia de hipertensión, importante factor de riesgo cardiovascular, que las que la reprimían (23% y 31% respectivamente).

La ira contribuye a que el sistema simpático se active y libere catecolaminas, las hormonas del estrés. Las catecolaminas producen un aumento de la frecuencia cardiaca y de la tensión arterial así como el estrechamiento de los vasos arteriales, factores favorecedores de trombos. Los síntomas pueden ser palpitaciones, dolor u opresión en el pecho, dificultad para respirar e incluso pérdida del conocimiento.


Técnicas como la relajación o el control de la respiración nos ayudaran a manejar la ira adecuadamente.

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