La Envidia

Los peores sentimientos dirigidos a usted y los deseos más bajos pueden anularle si se acude a las palabras mágicas y a los objetos de protección adecuados.

¿Alguna vez ha deseado algo con mucha intensidad y luego ha visto que se ha concretado? Quizá se haya enterado de una maldición que se cumplió o conoce individuos que son capaces de provocar mal de ojo, aun sin proponérselo.

En todos esos casos, la consigna es la misma: la energía –ya sea mental, emocional o psíquica- tiene la propiedad de materializarse, es decir, de tomar forma y hacerse realidad.

La envidia, el odio y –especialmente- el resentimiento, no sólo causan perjuicios al destinatario, sino que también provocan malestar en quien los alimenta. Del mismo modo, quienes pretenden el bien tanto para sí como para los demás reciben multiplicadas (ley universal asegura que la proporción es de 1 por 1.000) sus benévolas intenciones.

Por tanto, la posibilidad de ser responsable del propio destino nace tanto en los pensamientos y deseos que se tienen como en los actos que se realizan. Para protegerse de la envidia (o de cualquier otro sentimiento destructivo), es importante estar libre de ella, no albergar desprecio en el corazón y comportarse rectamente en la vida. De lo contrario, los conjuros que se pronuncien y los talismanes que se fabriquen como defensa ante los malos sentimientos estarán “obligados” a volverse en contra de quien les hizo dichos sentimientos corrosivos.

Como sucede con todo sentimiento insano, es conveniente mantener actitudes preventivas. Una buena prevención ante la envidia sería:

– Alimentar la confianza en uno mismo y en los demás.
– Entender las limitaciones y potencialidades que tenemos, aceptándonos como somos.
– Saber que hay cosas que podemos cambiar y otras que no.
– Aprender a valorar la propia competencia, sin infravalorarse ni sobrevalorarse.
– Estimular la capacidad para ponerse en el lugar del otro.
– Aprender a elegir adecuadamente con quién, cómo y cuándo compararse.
– Analizar el progreso personal mediante la comparación consigo mismo, no con otros.
– Aprender a dar y pedir ayuda, a colaborar y compartir. Permite adquirir habilidades con las que resolver los conflictos que origina la envidia.

Así que recuerda, no hay nada más bonito que conseguir cosas por méritos propios y ser reconocido por tal. Difunde este mensaje en tus redes sociales, si consideras que alguien lo necesita. Te agradecemos en el alma tus recomendaciones y tus valoraciones. Gracias y regala buenos días.

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