Ser flexibles para sentirte feliz

Es fácil atrincherarse en esquemas mentales rígidos para tratar de evitar el sufrimiento, pero eso nos aísla de una parte muy estimulante de la vida. Siendo flexibles podemos acercarnos más a la felicidad.


Solemos vivir la vida apegados a una serie de creencias y de valores, que conforman nuestros esquemas mentales. Cuando son rígidos nos lastran y, a menudo, nos empujan al conflicto, nos impiden disfrutar de la vida y, en definitiva, no nos dejan ser felices.

Hay creencias que gobiernan los pensamientos y regulan el modo en que se comportan los seres humanos. Proceden de las experiencias personales y se han ido modelando en el cerebro desde la infancia. De hecho, constituyen un mecanismo desarrollado por la evolución para poder entender el mundo que nos rodea y sobrevivir en él.

Encasillar, juzgar o filtrar es un modo de simplificar la realidad, a menudo demasiado compleja para ser captada por completo con los sentidos, que son limitados.

Convienen replantearse las rutinas cuando son demasiado rígidas, puesto que impiden saborear el momento. Pueden convertirse en una cárcel.

Entender muchas veces a la otra persona es seguramente una de las cosas más complicada del mundo. Solemos pensar que tenemos razón y que nuestra verdad es absoluta, cuando, en realidad, cada persona ha vivido cosas distintas.


Algunas personas pretenden que pienses, sientas y actúes como ellas. Flexibilizar la relación con los demás tiene que ver con comprender y sentirse comprendido. Luego podemos explicarle nuestro punto de vista y tratar de llegar a un acuerdo, en la que ambos salgan ganando. Y si no podemos llegar a entender a los demás, siempre nos queda el respeto.

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